La fusión multicultural y viajera de Richard Bona & Mandekan Cubano protagoniza una segunda velada de ensueño en El Portón del Jazz 2015.

Richard Bona estuvo anoche en Alhaurín de la Torre. Lo tuvo muy claro en todo momento, repitiendo e integrando en coros el nombre de la localidad que desde mediados de los 90 lleva acogiendo el mejor festival de la costa del jazz. La sonoridad de nuestro topónimo inspiró al genial cantante, compositor y multi-instrumentista camerunés: “Londres, París…Al-haaauuu-rínnnn de la Tooooo-rre es mi favorito” declaraba Bona entre los aplausos de un público entregado.No era para menos.  El genio de Bona es casi trapecista, tiene un pie en cada continente.  Fusiona los ritmos africanos de su tierra, en la que desde muy pequeño era considerado una estrella en ciernes, con los aires latino-caribeños de la sólida formación que lo acompañaba.  Su corazón, universal, con su lengua natal el douala, el inglés, el francés y el portugués –reservado para instantes intimistas muy melódicos- para cantarnos historias en las que se intuyen verdades sencillas y rotundas. La acogida europea a su música, particularmente en nuestra tierra, al sur del sur, añade múltiples matices a un arte multicultural de la mano del jazz viajero.  Los dedos prodigiosos de Richard Bona al bajo, recorriendo y casi reinventando escalas, más su voz, jugando con “loops” a recorrer el espectro vocal, detenerse y recrearse, tuvieron su réplica perfecta en la maestría del maestro Osmany Paredes al piano.  En la percusión, los látigos amables de los solventes hermanos Quintero, Roberto y Luisito.  En la sección viento, elevaban los sentidos a lo más alto Rey David Alejandre al trombón y Dennis Hernández a la trompeta.  Todos compusieron un engranaje rítmico perfecto en que el virtuosismo no se supeditó a la técnica. Muy al contrario, la puso al servicio de un espectáculo musical de calidad impresionante. Y como no, del público, con el que Bona se mostró afable y cariñoso.